ERMITAS

ERMITAS

Petrer cuenta con dos ermitas, por una parte la ermita de San Bonifacio MÁrtir y la segunda la ermita del Santísimo Cristo del Monte Calvario.

Petrer cuenta con dos ermitas, por una parte la ermita de San Bonifacio MÁrtir y la segunda la ermita del Santísimo Cristo del Monte Calvario.

SANTÍSIMO CRISTO DEL
MONTE CALVARIO

La devoción al Cristo de la Sangre del Monte Calvario nace en nuestro pueblo en el siglo XVII. En 1674 los petrerenses construyeron una pequeña ermita. Con una planta de una sola nave la ermita dominaba desde su altura todo el pueblo. Fue Mosén Bonifacio García, presbítero e hijo de Petrer que vivía en la ciudad de Valencia, el que trajo a Petrer la imagen del Cristo para que fuera entronizada en su ermita el 26 de agosto de 1674. Durante el siglo XVIII se reedificó la ermita. La reinauguración de la ermita del Cristo en abril de 1760 y la subida de su imagen desde la iglesia hasta su propio templo se realizó con una procesión acompañada de “función con alardo”. La ermita se había construido inicialmente como una sola nave y en la reforma se estableció una estructura de planta de cruz latina con nave central, capillas laterales y una cúpula central de media naranja que se ha mantenido hasta hoy aunque con varios refuerzos y reconstrucciones para resistir el paso de los siglos.

75 aniversario del actual Crucificado de Petrer y agradecer el detalle de la vecina ciudad de Elda cuando, entre los años 1940 y 1942, cedió una imagen del Cristo que se hallaba en el colegio de las Carmelitas, en la calle San Roque, para que los petrerenses pudieran honrarlo en su festividad. Cabe recordar que durante la Guerra Civil se destruyó la imagen del Cristo del Monte Calvario que era festejada en Petrer desde 1674. Una circunstancia que impidió disponer de una imagen propia hasta que en el año 1943 se pudo adquirir, de la Escuela Valenciana, el actual Crucificado que ahora cumple 75 años.
Para festejar esta efeméride la Mayordomía se planteó la restauración de la talla. El 26 de julio de 2017 esta se trasladó al taller de Roberto Cabrera Reina, en Almoradí, para dejarla en las mejores condiciones de conservación. El Cristo salía de su ermita temporalmente. Se decidió restaurar la imagen porque presentaba pequeñas grietas en los brazos y, además, había perdido parte de la policromía y color original en algunas zonas como los dedos de los pies por la oxidación de los productos y el paso del tiempo. El resultado de la restauración fue muy satisfactorio, ya que Cabrera, restaurador especializado en imaginería, logró recuperar detalles como el de las ataduras de manos y pies que por el paso de los años eran inapreciables.